jueves, 21 de mayo de 2009

TIEMPO DE DESPEDIDAS


Se nos van seguidos: la semana pasada Antonio nos decía adiós; este lunes lo hizo Mario. Contaba con 88 abriles y una vida dedicada a la literatura, a través de su amor, sus alegrías, su vitalismo y también sus tristezas. Pleno, entrañable, sabio y con la frescura de un niño, Mario siempre me llevó de la mano a una visión más amplia de la realidad, de los sentimientos, de la vida, del ser humano y, por supuesto, de la palabra. Maestro de la ironía más transversal y con una erudición transformada en vox populis (algo que muy pocos consiguen), Mario me acercaba a su mundo, como un espejo del mio, ampliando mi universo. Era conciso y sencillo en su escritura y nunca le dió miedo el compromiso vital de su vocación: poeta hasta la médula. Poeta comprometido con lo próximo. Anduvo escribiendo hasta sus últimos días... El primer poemario de Mario Benedetti que cayó en mis manos , me lo regaló mi amigo , Alberto Chessa, en mi veintiún cumpleaños: Inventario. Yo ya lo había descubierto a mis dieciocho años con un poema que me conquistó de principio a fín: Los formales y el Frío. Luego vendrían la tregua, el cumpleaños de Juan Ángel, Gracias por el fuego... etc. Y la oportunidad, hace unos nueve años , de verlo en persona en una conferencia que dió sobre su obra, organizada por la universidad. Nunca olvidaré aquella sonrisa amplia y el mar triste en el fondo de su iris, pero sobre todo la ternura que desprendía.

Me ha gustado mucho un comentario que he leído, de un tal Paco, acerca de la noticia de la muerte de Benedetti, en una página informativa de internet, decía asi: Hemos leído en Público la .absurda noticia de la muerte de Benedetti. Los poetas como Benedetti no mueren, todo lo más descansan por un tiempo indefinido. No podríamos decir que nos enseñó a amarnos, porque a tanto no llegan los poetas. Nos ayudó a comprender, sin embargo, cuánto nos amábamos. Era un tiempo en el que, como ahora, teníamos sólo algunos libros de poesía y toda la felicidad por delante. En una Feria del Libro, nos firmó un "Inventario". Aunque llevábamos los dos el libro, le debió gustar más ella, porque preguntó su nombre y escribió "para Marisol, amistosamente". Yo en su lugar habría hecho lo mismo. No hay que descartar que algún día Benedetti dejé de existir, cuando dejen de latir todos los corazones que su poesía agitó."

Hay una avenida en mi corazón que lleva tu nombre: Mario Benedetti.

Hasta siempre..., o mejor: hasta luego. NO ME SALVO...

LOS FORMALES Y EL FRÍO

Quién iba a prever que el amor ( ese informal)
se dedicara a ellos (tan formales)

mientras almorzaban por primera vez
ella muy lenta y él no tanto
y hablaban con sospechosa objetividad
de grandes temas en dos volúmenes
su sonrisa (la de ella)
era como un augurio o una fábula
su mirada ( la de él) tomaba nota
de cómo eran sus ojos (los de ella)
pero sus palabras (las de él)
no se enteraban de esa dulce encuesta

como siempre ( o como casi siempre)
la política condujo a la cultura
así que por la noche concurrieron al teatro
sin tocarse una uña o un ojal
ni siquiera una hebilla o una manga
y como a la salida hacía bastante frío
y ella no tenía medias
sólo sandalias por las que asomaban
unos dedos muy blancos e indefensos
fue preciso meterse en un boliche

y ya que el mozo demoraba tanto
ellos optaron por la confidencia
extra seca y sin hielo por favor

cuando llegaron a su casa (la de ella)
ya el frío estaba en sus labios ( los de él)
de modo que ella ( fábula y augurio)
le dio refugio y café instantáneos

una hora apenas de biografía y nostalgias
hasta que al fin sobrevino un silencio
como se sabe en estos casos es bravo
decir algo que realmente no sobre

él probó: sólo falta que me quede a dormir
y ella probó: por qué no te quedás
y él: no me lo digas dos veces
y ella: bueno por qué no te quedás

de manera que él se quedó ( en principio)
a besar sin usura sus pies fríos (los de ella)
después ella besó sus labios (los de él)
que a esa altura ya no estaban tan fríos
y sucesivamente así
mientras los grandes temas
dormían el sueño que ellos no durmieron.

Mario Benedetti (De otros diluvios)


Benedetti: Rostro de vos


Benedetti y Serrat: Hagamos un trato

1 comentario:

miguel dijo...

Unos fulanos hacen por irse y otros hacemos porque no se vayan. Mengana, creo que el poema Utopías estaba en un libro llamado 'las Soledades de Babel'. Baci