miércoles, 26 de marzo de 2014

sábado, 8 de marzo de 2014

LEOPOLDO VOLÓ SOBRE EL NIDO DEL CUCO....





En una entrevista que le hizo Sánchez Dragó por el año 1999, éste cerró el programa con el siguiente discurso: "Lo he contado aquí mismo al menos una vez: ya saben ustedes que el poeta alemán Hölderling, después de haber asombrado al mundo con sus libros, enloqueció y tuvo que ser recluido, y allí pasó el resto de sus días, en la casa de un ebanista, Zimmer, que vivía en la ciudad de Tübingen. Un día, años después del comienzo de su reclusión, un famoso crítico literario acudió a esa casa para ver qué había sido del poeta. Habló con Zimmer, le preguntó por el estado físico y psíquico de su pupilo, y el ebanista le contestó que a su juicio Hölderling no se había vuelto loco por lo que le faltaba (el famoso tornillo), sino por lo que le sobraba. Y quizá sea ese -y así- el caso de Leopoldo María Panero, el hombre que en un poema de los años 80 titulado canción, escribió: Sólo un hombre errando solo/ solo, a solas con Dios /un hombre solo en la calle / errando a solas con Dios. Los alquimistas por su parte decían: obscurium per obscurius, ignotium per ignotius (a lo oscuro por lo más oscuro, a lo desconocido por lo más desconocido). Sobra cualquier otro comentario."

Pues ahí queda... Me siento triste. Se nos fué nuestro Peter Pan de los infiernos, nuestro Arteaud, el Quijote de Mondragón. No estaba loco, estaba "loco" de tanta lucidez....Siempre lo mantuvo: "la locura no existe...El delirio es una locución sin respuesta, pero yo siempre he mantenido la claridad". Alguien que con cinco años dejó aterrados a sus padres con este poema: "Mi corazón temblaba y no era un sueño / fueron muriendo todos los soldados de la guardia del rey / y mi corazón seguía temblando". Espero que haya regresado a la "nada", a la antimateria,  al "fuego puro" de Heráclito que él mencionó en más de una ocasión, pero esta vez sin que la desgracia y la estupidez ajena lo encierren y lo rechazen.  Aquello que la sociedad rechaza del "loco" tan sólo es un reflejo de lo que rechaza de sí misma... Seremos libres cuando iluminemos nuestra oscuridad y dejemos de mentirnos.



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Me dicen que no escriba esto

LA PSIQUIATRÍA Y LAS PALABRAS

Se decía que la palabra es el asesino de la cosa. Sin embargo, no sucede así con todas las palabras. En efecto, existen algunas que circunscriben un hecho; otras, que tan sólo lo designan. Y de entre ellas, algunas que sólo lo designan como no existente, esto es, que lo alejan o separan de nosotros como un exorcismo. Tal cosa ocurre con el diagnóstico psiquiátrico, que opera a la manera de un exorcismo sobre realidades que a partir de él caen dentro de los dominios de la ficción. No obstante, debemos señalar que, contra lo que opina lo más trivial de la antipsiquiatría, resulta más revolucionario que decir que la locura no existe afirmar que ocupa algún lugar. Esto es, lo que la locura tiene de "incurable" o de no exorcizable es justamente lo que tiene de realidad, de naturaleza por muy divergente que sea. O, en otras palabras, lo que en aquélla se muestra como "inquietante extrañeza" no es su carácter extraño, sino precisamente lo que en él hay de cercano o compresente en nosotros. Y que obviamente es por su naturaleza de prójimo o cercano o igual y no por la de espectro, por el que se persigue al loco, que otro modo resultaría inofensivo.
Dicho de otra manera, el descubrimiento más revolucionario de Sigmund Freud fue decir que la locura existe, y que ella es una realidad, ya que es esto lo que la relaciona con la revolución, su naturaleza de realidad subversiva que como el inconsciente debe su potencial transformador al hecho de ser a la par que no ser, o de ser lo que debe advenir a ser. Es por ello que el loco aúlla, y eso es lo que su aullido significa, una rebelión contra el ser, un incendio en la base de la realidad. Se destruye así la pretensión hegemónica de la noción de "realidad" que nos llevaba a considerar "enfermas" o, lo que es igual, sin validez lógica, no existentes, voces provenientes de un modo distinto de la percepción. Y es que el estigma de la locura es el estigma de una conciencia húmeda, mojada o manchada por una intensidad, transitiva y operante, libre de las cadenas de una conciencia separada o filosófica, que distingue entre el sujeto y el objeto.

Y es que no hay otra revolución que aquella que pone en cuestión no, como el marxismo, la materia, sino la subjetividad. Quiero decir la subjetividad reificada, que es aquello a lo que se llama "conciencia" o "alma", y que encuentra su representación en la noción de "realidad", la cual no tiene otra función que la de censura o prohibición. Así, cuando se dice que este sistema prohibe la aventura, no nos estamos refiriendo a un sistema económico, sino a un modo de la percepción. Y decimos "modo de percepción" en lugar de concepción del mundo o filosofía, por cuanto no son las palabras, sino la vista, lo que engendra o vehicula la materia o lo que se dice ser.

Las palabras, por el contrario, son quienes vigilan o custodian nada más que uno de los modos posibles del ser, quienes, bajo la forma de esa "máscara de lenguaje" como diría Wittgenstein que es la psiquiatría, nos protegen del infierno y de la nada. He aquí, pues, que las palabras, lejos de aclarar el enigma, nos defienden de él, como dije al principio, a la manera de un exorcismo, y la psiquiatría basada en la lingüística es tan sólo la forma más refinada de la represión. Y nosotros no queremos guardianes del umbral, sino penetrar en él de una vez por todas, contemplar desnuda a Diana ante el ladrar inútil de sus perros.

LEOPOLDO MARÍA PANERO   (EL PAIS- 7 Sep. de 1987)

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LA MALDAD NACE DE LA SUPRESIÓN HIPÓCRITA DEL GOZO

                                                               
                                                                   «Jois e Jovens n'es trichaire
                                                                    e malvestatz es d'aqui»

                                                                                       MARCABRÚ
                                                                                             
Una cucaracha recorre el jardín húmedo
de mi chambre y circula por entre las botellas vacías:
la miro a los ojos y veo tus dos ojos
azules, madre mía.
Y canta, cantas por las noches parecida a la locura,
                                  velas
con tu maldición para que no me caiga dormido, para que no me olvide
y esté despierto para siempre frente a tus dos ojos,
madre mía.
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LA CUÁDRUPLE FORMA DE LA NADA

 Yo he sabido ver el misterio del verso
que es el misterio de lo que a sí mismo nombra
el anzuelo hecho de la nada
prometido al pez del tiempo
cuya boca sin dientes muestra  el origen del poema
en la nada que flota antes de la palabra
y que es distinta a la nada que el poema canta
y también a esa nada en que expira el poema:
tres son pues las formas de la nada
parecidas a cerdos bailando en torno del poema
junto a la casa que el viento ha derrumbado
y ay del que dijo una es la nada
frente a la casa que el viento ha derrumbado:
porque los lobos persiguen el amanecer de las formas
ese amanecer que recuerda a la nada;
triple es la nada y triple es el poema
imaginación escrita y lectura
y páginas que caen alabando a la nada
la nada que no es vacío sino amplitud de palabras
peces shakespearianos que boquean en la playa
esperando allí entre las ruinas del mundo
al señor con yelmo y con espada
al señor sin fruto de la nada.
Testigo es su cadáver aquí donde boquea el poema
de que nada se ha escrito ni se escribió nunca
y ésta es la cuádruple forma de la nada.
autógrafo 
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DIARIO DE UN SEDUCTOR

No es tu sexo lo que en tu sexo busco
sino ensuciar tu alma:
                                      desflorar
con todo el barro de la vida
lo que aún no ha vivido.

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DEDICATORIA

Más allá de donde
aún se esconde la vida, queda
un reino, queda cultivar
como un rey su agonía,
hacer florecer como un reino
la sucia flor de la agonía:
yo que todo lo prostituí, aún puedo
prostituir mi muerte y hacer
de mi cadáver el último poema.

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LA CANCIÓN DEL CROUPIER DEL MISSISSIPPI


                                                                          «Fifteen men on the Dead Man's Chest.
                                                                            Yahoo! And a bottle of rum!»

                                                                                                             Canción pirata


Fumo mucho. Demasiado.
Fumo para frotar el tiempo y a veces oigo la radio,
y oigo pasar la vida como quien pone la radio.
Fumo mucho. En el cenicero hay
ideas y poemas y voces
de amigos que no tengo. Y tengo
la boca llena de sangre,
y sangre que sale de las grietas de mi cráneo
y toda mi alma sabe a sangre,
sangre fresca no sé si de cerdo o de hombre que soy,
en toda mi alma acuchillada por mujeres y niños
que se mueven ingenuos, torpes, en
esta vida que ya sé.
Me palpo el pecho de pronto, nervioso,
y no siento un corazón. No hay,
no existe en nadie esa cosa que llaman corazón
sino quizá en el alcohol, en esa
sangre que yo bebo y que es la sangre de Cristo,
la única sangre en este mundo que no existe
que es como el mal programado, o
como fábrica de vida o un sastre
que ha olvidado quién es y sigue viviendo, o
quizá el reloj y las horas pasan.
Me palpo, nervioso, los ojos y los pies y el dedo gordo
de la mano lo meto en el ojo, y estoy sucio
y mi vida oliendo.
Y sueño que he vivido y que me llamo de algún modo
y que este cuento es cierto, este
absurdo que delatan mis ojos,
este delirio en Veracruz, y que este
país es cierto este lugar parecido al Infierno,
que llaman España, he oído
a los muertos que el Infierno
es mejor que esto y se parece más.
Me digo que soy Pessoa, como Pessoa era Álvaro de Campos,
me digo que estar borracho es no estarlo
toda la vida, es
estar borracho de vida y no de muerte,
es una sangre distinta de esa otra
espesa que se cuela por los tejados y por las paredes
y los agujeros de la vida.
Y es que no hay otra comunión
ni otro espasmo que este del vino
y ningún otro sexo ni mujer
que el vaso de alcohol besándome los labios
que este vaso de alcohol que llevo en el
cerebro, en los pies, en la sangre.
Que este vaso de vino oscuro o blanco,
de ginebra o de ron o lo que sea
—ginebra y cerveza, por ejemplo—
que es como la infancia, y no es
huida, ni evasión, ni sueño
sino la única vida real y todo lo posible
y agarro de nuevo la copa como el cuello de la vida y cuento
a algún ser que es probable que esté
ahí la vida de los dioses
y unos días soy Caín, y otros
un jugador de poker que bebe whisky perfectamente y otros
un cazador de dotes que por otra parte he sido
pero lo mío es como en «Dulce pájaro de juventud»
un cazador de dotes hermoso y alcohólico, y otros días,
un asesino tímido y psicótico, y otros
alguien que ha muerto quién sabe hace cuánto,
en qué ciudad, entre marineros ebrios. Algunos me
recuerdan, dicen
con la copa en la mano, hablando mucho,
hablando para poder existir de que
no hay nada mejor que decirse
a sí mismo una proposición de Wittgenstein mientras sube
la marea del vino en la sangre y el alma.
O bien alguien perdido en las galerías del espejo
buscando a su Novia. Y otras veces
soy Abel que tiene un plan perfecto
para rescatar la vida y restaurar a los hombres
y también a veces lloro por no ser un esclavo
negro en el sur, llorando
entre las plantaciones!
Es tan bella la ruina, tan profunda
sé todos sus colores y es
como una sinfonía la música del acabamiento,
como música que tocan en el más allá,
y ya no tengo sangre en las venas, sino alcohol,
tengo sangre en los ojos de borracho
y el alma invadida de sangre como de una vomitona,
y vomito el alma por las mañanas,
después de pasar toda la noche jurando
frente a una muñeca de goma que existe Dios.
Escribir en España no es llorar, es beber,
es beber la rabia del que no se resigna
a morir en las esquinas, es beber y mal
decir, blasfemar contra España
contra este país sin dioses pero con
estatuas de dioses, es
beber en la iglesia con música de órgano
es caerse borracho en los recitales y manchas de vino
tinto y sangre «Le livre des masques» de Rémy de Gourmont
caerse húmedo babeante y tonto y
derrumbarse como un árbol ante los farolillos
de esta verbena cultural. Escribir en España es tener
hasta el borde en la sangre este alcohol de locura que ya
no justifica nada ni nadie, ninguna sombra
de las que allí había al principio.
Y decir al morir, cuando tenga
ya en la boca y cabeza la baba del suicidio
gritarle a las sombras, a las tantas que hay y fantasmas
en este paraíso para espectros
y también a los ciervos que he visto en el bosque,
y a los pájaros y a los lobos en la calle y
acechando en las esquinas
«Fifteen men on the Dead Man's Chest
Fifteen men on the Dead Man's Chest
Yahoo! And a bottle of rum!
»


Leopoldo María Panero.

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Después de la película-documental (de culto) sobre los Panero de Jaime Chávarri "El desencanto" (1976), Ricardo Franco toma el relevo en 1994 para hacer una magnífica segunda parte a la que tituló "Después de tantos años". Ambas más que recomendables. Aquí os dejo la segunda íntegra:




"A ser uno con todo lo viviente, volver en un feliz olvido de sí mismo, al todo de la naturaleza. A menudo alcanzo esa cumbre...pero un momento de reflexión basta para despeñarme de ella. Medito, y me encuentro como estaba antes, solo, con todos los dolores propios de la condición mortal, y el asilo de mi corazón, el mundo enteramente uno, desaparece; la naturaleza se cruza de brazos, y yo me encuentro ante ella como ante un extraño, y no la comprendo. Ojala no hubiera ido nunca a vuestras escuelas, pues en ellas es donde me volví tan razonable, donde aprendí a diferenciarme de manera fundamental de lo que me rodea; ahora estoy aislado entre la hermosura del mundo, he sido así expulsado del jardín de la naturaleza, donde crecía y florecía, y me agosto al sol del mediodía. Oh, sí! El hombre es un dios cuando sueña y un mendigo cuando reflexiona."

F. Hölderling ("Hiperión o el eremita en Grecia". Fragmento)