martes, 7 de abril de 2009

TODAS LAS MAÑANAS DEL MUNDO




Una de mis películas predilectas: Tous les matins du monde. Dirigida en 1991 por Alain Corneau y protagonizada por Gerard du Pardieu en el papel del célebre violista Marin Marais (París. 1656-1728), que recuerda su juventud y su aprendizaje con la viola da gamba, al lado de su maestro Monsieur de Sainte Colombe (que introdujo, en Francia, en el siglo XVII, una variante de siete cuerdas), interpretado, maravillosamente, por Jean-Pierre Marielle. La película me sumerge en la sensación de ser espectadora de un concierto de música clásica, en el que te están contando al mismo tiempo una historia: en este sentido, es como una ópera, aunque en ésta no hay sopranos ni tenores y los protagonistas son instrumentos de cuerda. La denominación viola da gamba proviene del italiano y significa viola de pierna, por la forma en la que la tomaba el músico entre sus piernas. En su aspecto, es similar al violonchelo. Una de las escenas que más me conmueven es la que he colgado arriba: el maestro de viola se retira todos los días, durante unas horas, a una pequeña cabaña de madera construida por él donde, a la luz de una vela y acompañado de vino, toca la viola para su difunta mujer que, convocada por la música, se muestra ante los ojos de su amado. Esto es lo que trata de enseñarle al joven Marais: que la música ha de trascender, ha de ser una expresión de lo indecible. No voy a entrar con más detalle en el argumento de la película: es un regalo para los sentidos y la sensibilidad. Os invito a que la disfruteis en su totalidad. La banda sonora está interpretada por Jordi Savall y le Concert des Nations. Abajo he adjuntado otro tema de la banda sonora que me encanta (aunque ninguno tiene desperdicio)






Jordi Savall: Marcha

1 comentario:

Sebastián dijo...

Hola, Virginova. Una gran película, sin duda. La vi hace ya algunos años por recomendación de mi buen amigo Iñaki Verástegui, que es profesor de música. La interpretación de Depardieu es magistral; sólo eché en falta que se hubiera currado más la mano izquierda para darle más verosimilitud a la ejecución de las piezas. Yo es que me fijo mucho en esas cosas. Y admiro a Jordi Saval.

Un abrazo 'da gamba'.