miércoles, 3 de febrero de 2010

AVEC LE TEMPS



Me he decidido a colgar un poema más, aunque es de los antiguos (del 93). Hace relativamente unas semanas lo compartí con mi círculo de amigos. En su momento, lo recite en distintos eventos y lo publiqué en diversas revistas literarias modestas, también salió publicado en Ababol (La Verdad- Murcia), en una entrevista que me realizaron dedicándome dos páginas. Recuerdo aquellos días como una de las épocas más enriquecedoras y felices de mi vida, aprendiendo siempre de la poesía, a la que tanto respeto. Tal vez este respeto me ha llevado, entre otras cosas, a ausentarme durante mucho tiempo y, aunque he escrito nuevos poemas, aún considero estar en barbecho. La acompaño del tema "Avec le temps", uno de los más tristes y bellos temas que he escuchado. Os dejo la traducción más aproximada que he encontrado.


LA ESPERA

Las
tardes que ahora me albergan
no son como las de antes. El silencio es viejo.
Yo y el atardecer hemos aprendido juntos,
el uno del otro, a través del tiempo furtivo.
Ya no soy la niña que corría por los jardines estivales
y que todo lo indicaba con el dedo,
como si desde el principio conociera cada pequeño detalle,
cada pequeña cosa,
pero me faltara el temblor de las palabras
aún desposeídas de mi cuerpo amanecido a su inocencia.



Las tardes que ahora me acogen, ya no son las mismas.
Esta tarde, por ejemplo,
he sentido la luz diáfana entre la largueza de los sauces
y el agua atropellada de la fuente
o el cantar altanero de los jóvenes verderones.
En aquella infancia,
estaba aislada de los sonidos ancianos del paraje
que la brisa de mi propia senectud
ahora me obligan a escuchar
desde la penumbra de estas horas muertas.



Al menos me queda el cuenco de la memoria
para recuperar esos pedazos de niñez,
y poder darme al fin cuenta
de que no es el atardecer el que ha cambiado,
sino mi piel ahora marchita,
mi bastón
que en estos momentos se hunde en el grito
de una elegía a la furia del pasado,
mientras aguarda
el albor de la noche y su indolente sombra...




Virginia Martínez.


Foto: Paco Salinas.




CON EL TIEMPO (Leo Ferre)


Con el tiempo,
Con el tiempo , todo se va


Se me olvida tu cara, se me olvida tu voz,
Y el corazón no late más, no tengo explicación,
La vida es así, no hay nada más


Con el tiempo,
Con el tiempo , todo se va


El amor que adoramos
El amor que intuimos a través de una mirada
Y que adivinamos entre palabras bellas
Y de un juramento, que viene y se va
Con el tiempo, todo se desvanece


Con el tiempo,
Con el tiempo , todo se va


Incluso los mas formidables recuerdos cambian su imagen
Entre las galerías iluminadas por rayos de muerte los busca
Cada sábado noche cuando la ternura se queda completamente sola


Con el tiempo,
Con el tiempo ya, todo se va
los que creían estar enfermos
los que ofrecían al viento sus joyas
vendiendo su alma por nada
Los que se arrastraban como perros
Cuando el tiempo les iba bien


Con el tiempo,
Con el tiempo ya, todo se va
Se olvidan las pasiones y se olvidan las voces
de la gente
que nos decían :
no regreses demasiado
tarde y sobre todo no cojas frío


Con el tiempo,
Con el tiempo , todo se va


Me siento cansado, como un viejo caballo,
Me siento con frío, en una camita extraña
Me siento muy solo pero tranquilo
Me siento confuso, por los años perdidos


Con el tiempo, ya no hay amor




2 comentarios:

Sebastián dijo...

Una elegía muy bella, Virginia (aunque como tal bastante triste) y con imágenes muy sugerentes ("mi cuerpo amanecido a su inocencia", "el agua atropellada de la fuente", "los sonidos ancianos del paraje"...). Me cuesta creer que hablaras de ti misma siendo aún tan jovencica cuando lo escribiste, más bien parece el recuerdo de una mujer ya en su edad madura.

La foto de Salinas, magnífica (es bastante reciente, ¿no?), y el tema de Ferré, precioso y sumamente apropiado. ¡Hacía tánto que no lo escuchaba!

Espero leer pronto más poemas tuyos...

¡Un abrazo sin tiempo y sin espera!

virginova dijo...

Es lo bueno que tiene la imaginación con una mezcla de melancolía: te puedes poner en tu propia piel fantaseando con la senectud. También me inspiré en una imagen que contemplé por entonces paseando por el malecón: un anciano sentando en un banco apoyado en su bastón, con una actitud de escucha y cierta tristeza en sus ojos.

La foto es de Febrero del 2007 en casa de Laura More.

Un abrazo cálido. Nos vemos pronto.