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viernes, 9 de septiembre de 2011

PRESENCIA


                                                                  ¿DÓNDE ESTÁS?

                                                                          Aquí...

                                                                  ¿QUÉ HORA ES?

                                                                         Ahora....

                                                                  ¿QUIÉN ERES?

                                                                      Este momento...


Foto: Virginova

Lápiz, tinta: El último de la fila.

domingo, 27 de febrero de 2011

ÚLTIMO ATARDECER...


Mi último atardecer (miércoles 23 de Febrero de 2011). Al menos, el último que capturo con mi alma y el objetivo de mi cámara desde el balcón del que ha sido mi hogar durante los últimos cuatro años. Ahora comienza un nuevo amanecer; nuevas rutas y experiencias; otras soledades necesarias y creativas; mudar de piel y tripascorazón; otros atardeceres... Gracias por este tiempo maravilloso y lleno, sobre todo, de vivencias positivas y lúcidas que me han sanado en gran parte y en el que he registrado, al estilo de Harvey Keitel en Smoke, los colores de su cielo en distintos momentos: una herencia inasible que me conforma aún más. Me ha permitido compartir y celebrar la vida en amistad (gracias a todos/as los que habéis participado conmigo) y también me ha mostrado la muerte y sus panteones. Nada se ha perdido. Todo ha quedado en mí. A través de mis ojos. Ahora toca renacer...



Silvio Rodríguez: ¿A dónde van?


Bolero de Ravel


Michael Nyman: Big My Secret


Elephant Gun: Beirut


Carpenters: My favorite things






SING, SING, SING...

viernes, 7 de enero de 2011

"PERROS, PERROS"



Descendiente de emigrantes rusos, pasó su niñez en Italia y Francia, pero la Segunda Guerra Mundial obligó a su familia a emigrar a los Estados Unidos. Elliott Erwitt comenzó tomando fotografías desde fines de los 40. Comenzó trabajando en un estudio fotográfico en Hollywood y más tarde como fotógrafo para diversas publicaciones. En uno de sus viajes conoció a Robert Capa, Edward Steichen y Roy Stryker, quienes se convertirían en sus destacados mentores.

En 1953 fue invitado a formar parte en la prestigiosa agencia Magnum Photos por Robert Capa, uno de sus fundadores, convirtiéndose, quince años más tarde, en el presidente de la misma. En la década de los años 60, comenzó a realizar documentales, programas de televisión y libros. Hasta la fecha, Erwitt es autor de 18 monografías y sigue trabajando en nuevos títulos. Aquí la página oficial de Elliot Erwitt.

Tuve la oportunidad en 2007 de ver una exposición de este gran fotógrafo en Murcia, bajo el título: "Perros, perros". Acerca de su colección de fotos con temática canina, E. Erwitt comenta:


Ladro a los perros. Por eso el pequeño perro de una de mis fotografías salta en el aire. Mucha gente pregunta por ello; pues bien, le ladré. Él saltó. Le ladré. Él saltó… Un día, caminando por una calle de Kyoto tras una señora que paseaba con un perro que parecía interesante, ladré sólo para ver qué ocurría. Inmediatamente, ella se giró y golpeó con el pie a su desconcertado perro. Supongo que teníamos el mismo tipo de ladrido. Mi primera foto sobre perros publicada fue tomada en 1946. No recuerdo las circunstancias ni lo que tenía en mente. Probablemente nada en especial. El perro parecía divertido. Revisando mis hojas de contactos me daba cuenta de que aparecían con frecuencia perros. Así empezó este negocio. Uno de los primeros trabajos sobre el tema fue para un artículo de moda sobre zapatos de mujeres en The New York Times. Decidí fotografiarlos desde su punto de vista porque los perros ven más zapatos que nadie. Las imágenes de perros funcionan en dos niveles. Son graciosos en ciertas situaciones, por eso a algunas personas les gustan mis fotos, sólo porque les gustan los perros. Sin embargo, los perros poseen cualidades humanas, y por eso mismo creo que mis imágenes tienen un atractivo antropomórfico. Básicamente, no tienen nada que ver con perros… Quiero decir, espero que de lo que traten sea de la condición humana. Aunque la gente puede interpretarlas como quiera.









sábado, 11 de diciembre de 2010

SIN TIMÓN NI TIMONEL



El otoño separa las hojas que estuvieron juntas en el mismo árbol... Tal vez el viento favorezca su reencuentro...

Ana Belén: peces de ciudad

No hay más ley que la ley del tesoro
en las minas del rey Salomón.
Y desafiando el oleaje
sin timón ni timonel,
por mis sueños va, ligero de equipaje,
sobre un cascarón de nuez,
mi corazón de viaje,
luciendo los tatuajes
de un pasado bucanero,
de un velero al abordaje,
de un no te quiero querer.
Y cómo huir
cuando no quedan
islas para naufragar
al país
donde los sabios se retiran
del agravio de buscar
labios que sacan de quicio
Joaquín Sabina: peces de ciudad
fotografía: Beso Hotel de Ville, R. Dosisneau.

viernes, 8 de agosto de 2008

AÑOS 60: MI MADRE EN ALEMANIA





TEXTO: UNA LÍNEA DE SOMBRA (Antonio Muñoz Molina 5-7-2008)

" Más allá de las primeras fotografías está el umbral de lo que nunca sabremos de verdad cómo fue. Es una línea de sombra idéntica a la que nos separa acústicamente del tiempo anterior a las grabaciones fonográficas. Sabemos, a pesar de las distorsiones, cómo era la voz de Enrico Caruso, pero no cómo sonaba la corneta de Buddy Bolden o cómo cantaba flamenco Silverio Franconetti. La memoria de la música popular se acaba hacia principios del siglo pasado. La de las imágenes fotográficas es un poco más antigua. Miro un tallo fantasmal que apenas se perfila sobre una superficie plateada y estoy viendo una planta que floreció en 1839, cuando William Henry Fox Talbot logró las primeras impresiones sobre un papel empapado de un líquido muy sensible a la luz, todavía sin cámara, como una sombra tenue detenida y apresada. Por muy detallados que sean una pintura o un dibujo siempre son abstractos, tan alejados de la palpitación de lo que representan como una transcripción del sonido de una voz que canta. Cómo sería posible reproducir sobre un papel pautado el metal quejumbroso y gatuno de la voz de Billie Holiday, la pulsación de los dedos de Bill Evans sobre el teclado del piano, el desgarro en la garganta de Carmen Linares o de la Perla de Cádiz. De modo que nuestro mundo tangible, el que nosotros habitamos, tiene su frontera visual más lejana no hace mucho más de siglo y medio: sólo desde entonces sabemos cómo eran las calles de las ciudades, las ropas y el vestuario de la gente, cómo el pelo sucio se les pegaba al cráneo a esos caballeros y esas damas que parecen tan intemporales en la pintura, cómo fluía el agua por un torrente o brillaba el sol un instante entre nubes sobre una lámina de agua por la que avanzaba un velero; cómo sonreía de verdad Rossini, con sus ojos guiñados de viejo apacible y cínico, cómo era la cocina de una cabaña de pobres en el sur de los Estados Unidos en los años de la Depresión, cuál era la textura de la superficie de los muros en los callejones de París hacia 1930, qué cara tenía exactamente Marcel Proust una o dos horas después de morir, cubierto hasta la barbilla por un embozo blanco que resaltaba la negrura de su pelo y las ojeras tremendas que le habían quedado después de meses de una agonía sin alivio, de noches de insomnio no dedicadas a alimentar el miedo de la muerte sino a seguir escribiendo una novela cuyas páginas seguían estando amontonadas y revueltas encima de la cama cuando Man Ray tomó esa fotografía que tiene algo de máscara mortuoria arcaica, la noche del 18 de noviembre de 1922.

Nuestro mundo tangible, el que nosotros habitamos, tiene su frontera visual más lejana no hace mucho más de siglo y medio Sólo en la fotografía el pasado se nos hace presente: igual que en una grabación asistimos al prodigio de escuchar las voces de los muertos
La foto está en el Metropolitan Museum, en una exposición asombrosa que se titula Framing a Century, y que es un paseo por trece nombres cruciales de la fotografía desde sus orígenes hasta 1940. Más allá se extiende la sombra de un pasado que ya no es el nuestro. Sólo en la fotografía el pasado se nos hace presente: igual que en una grabación fonográfica asistimos al prodigio de escuchar las voces de los muertos. Lo instantáneo de hace siglo y medio sucede delante de nuestros ojos hechizados. La luz débil que entra por los vitrales de la catedral de Salibury traspasa apenas una densa penumbra al fondo de la cual se distinguen unas esculturas funerarias yacentes. No es una imagen intemporal, a pesar de las columnas góticas y las altas ventanas ojivales: es una hora exacta y un día preciso de 1850, atrapados en una lenta exposición por la cámara de Roger Fenton. Una mujer muy joven, con los ojos claros y el pelo liso, con un aire absolutamente contemporáneo, a pesar de la niebla luminosa que resalta sus rasgos, fotografiada por Julia Margaret Cameron en 1867, será al cabo de unos años la madre de Virginia Woolf, quien heredará de ella un aire aproximado de serenidad ausente y dulzura, pero no su belleza. La fotografía revela en cada persona un eslabón en la cadena del tiempo y en las genealogías del porvenir. Un árbol colosal, la superficie de un lago, un camino en un bosque, una puerta entornada, revelan en la fotografía lo que cada instante y cada forma animada o inerte tienen de único, los que los ojos no adiestrados tantas veces no saben ver. Si aprendemos a fijarnos en la maravilla de una hoja impresa en el papel por el solo efecto de la luz en un experimento fotográfico de Fox Talbot tal vez sabremos dedicar toda la atención que merecen a las hojas en forma de corazón de ese tilo joven junto al que pasamos distraídamente cada mañana al salir de casa.

Dice Susan Sontag que la fotografía "altera y ensancha nuestra noción de lo que merece la pena ser mirado y lo que tenemos derecho a observar". Una de las primeras fotos que tomó Fox Talbot no es de una abadía medieval ni de un bosque novelesco o de un rostro bañado en un claroscuro que imita la pintura para reclamar su nobleza: es una puerta vieja, entornada, dejando ver un interior en sombra, y junto al quicio una escoba, un escobón vulgar de mediados del siglo XIX. La superficie de la madera parece igual de tangible que el mango de la escoba: el deterioro del tiempo, de la intemperie y de la humedad, casi nos sugieren el ruido que harán los goznes oxidados cuando se empuje del todo; podríamos empujar del todo la puerta poniendo nuestra mano sobre esa madera áspera y entraríamos a esa zona de sombra que nos está vedado pisar, el presente extinguido. Una imagen de casi un siglo después es una resonancia de esa puerta de Talbot junto a la que se apoya una escoba, tan misteriosamente cargada de sentido como el carrito de mano rojo en el poema de William Carlos William: pero ahora no estamos en el umbral, sino en el interior de una habitación pobre y limpia, con las paredes y el suelo de madera, con una escoba recién usada, una cabaña de granjeros pobres fotografiada por Walker Evans en su viaje al Sur de 1936, cuando mostró no sólo la dignidad imponente de las caras de los trabajadores azotados por la adversidad y la injusticia sino también la belleza de los carteles publicitarios, de las gasolineras, de los horizontes en los que se pierden las carreteras rectas, el esplendor del mundo a la luz del día, deslizándose al otro lado de la ventanilla de un coche; la cámara de Walker Evans o la de Brassaï o la de Cartier-Bresson se convierten en el espejo a lo largo de un camino, en la novela errante y abierta a todos los episodios de la vida que deseaba escribir Stendhal: de quien tanto nos gustaría, por cierto, que hubiera vivido unos pocos años más para que una foto de Nadar nos hubiera permitido saber cómo era su cara, cómo era el brillo de la inteligencia y la ironía en sus ojos. "

ANTES DE QUE YO NACIERA.....


Encontré algunas fotos de los años 50-60 que mi madre cuidadosamente ha guardado y que he captado con mi cámara digital. El blanco y negro me envuelven como un abrigo que me trasladara a otro mundo, antiguo pero cercano, ajeno pero heredado.... Esos rostros, gestos, trajes, maneras... esa melancolía honda y primitiva, pero ante todo el humor y la alegria de mi madre en aquellos años, algo que le permitió sobrevivir para vivir. Algunas fotos no tienen desperdicio .Lo que daría por poder acceder a mi árbol genealógico, seguro que tendría en mis genes una mezcla muy humana y multiracial. Bueno, lo dicho, hago así un primer homenaje a mi madre...., vendrán más.



ANTES DE QUE YO NACIERA.....



ANTES DE QUE YO NACIERA.....



lunes, 26 de mayo de 2008

MÁS LIGERO QUE EL AIRE



Todos los muros y ciudades
en las que una vez habitó
el grito constante de mi savia,

las calles por las que corrí de niña,
las fuentes y los perros,
el lúdico vuelo de los pájaros
o la ebriedad del silencio,
la envoltura de la tristeza en su letargo,
la escritura de la sonrisa en sus orillas,
este ciego ver lo ya contemplado,

el mudo pálpito del agua
en la inmensa lejanía,
la palabra: la materia,
y este frágil esqueleto vestido de carne:
no me pertenecen. No me pertenecen.

foto: Saúl Yubero
texto: Virginova